domingo, 29 de agosto de 2010

Un amigo mio.

Hoy hablare de un amigo muy cercano, nuestra historia comienza cuando solo tenía 14 años, la primera vez que hablamos no lo toleraba, las cosas que este hacia me afectaban y me hacían sentir mal, pero algo me hacia ignorar todo y que querer ser su amigo, se había transformado en una prioridad. Cada vez lo fui aceptando un poco más, y nos juntábamos a escondidas después de clases, camino a casa, trayecto que no demoraba más de una hora, pero en esos momentos tardaba tres; mi hermana mayor nos vio juntos una tarde de miércoles, estaba sentado bajo un gran sauce, sus ramas se movían al ritmo del viento dejando entrar por segundos algunos rayos de sol, era un día perfecto, lo recuerdo perfectamente; se acerco, me miro y solo salió una frase de su boca, no muy agradable para mí, “les cuentas tu o les cuento yo”, sabía cómo reaccionarían mis padres, el miedo me invadió, decidí esperar y ver si realmente se atrevería a contarles, resultado: mis padres enterándose de mi nueva amistad no por mí, sino por mi hermana, no querían que estuviéramos juntos, decían que era mala influencia para mi, provoco problemas, castigos aparecieron, pero nada importaba, yo solo pensaba en pasar momentos con él.
Terco como el adolescente que era, me fui acostumbrando a él, aceptando su mala fama, sus malos olores, y que cuando me llamaba, yo tenía que ir de inmediato, obviamente todo sucedía a las espaldas de mis padres, encontrando los momentos en los cuales no me vieran por ningún motivo. Comencé a invitarlo a las juntas con mis compañeros, como era el nuevo, encajo de inmediato, sin problemas; en poco tiempo se hizo popular entre mis amistades, habían veces que sin invitarlo, el ya estaba ahí, todos eran amigos de él, todos querían compartir aunque sea una pequeña charla. A medida que las estaciones cambiaban y el tiempo pasaba, fue tomando importancia en mi vida cotidiana, salíamos juntos a todos lados, fiestas, paseos. Realmente lo consideraba mi mejor amigo, podría decir hermanos, estaba conmigo en las buenas y en las malas, nos divertíamos estando en cualquier lugar, a veces haciendo nada, contando nubes boca arriba en el pasto, que buenos momentos… cuando ocurrían momentos difíciles, momentos tensos, el estaba ahí, calmándome, siempre incondicional, gritamos como también lloramos juntos, siempre encontrando su apoyo en los momentos de soledad, aunque hiciera frío de esos que calan los huesos, nunca me dejó, en las noches era sagrada una conversación antes de pegar la cabeza en la almohada, sentados en la ventana escuchando la voz inconfundible de chinoy.
En ocasiones me ayudo a encontrar el amor (pasajero, pero amor) El era el pretexto para acercarme, conversábamos los 3, temas sin importancia, lo importante era tener una conversación con la mujer que me atraía, lo mejor de todo era que siempre sabia cuando desaparecer, después de unos minutos acompañándonos, viendo que podía seguir solo en la conquista, se iba, así podía intercambiar gestos, palabras y miradas coquetas con ella.
Todo lo que se podía esperar de un amigo, lo tenia, me sentía privilegiado al tenerlo a mi lado, pero como nada es perfecto en esta vida, momentos difíciles aparecieron en nuestros caminos, me di cuenta de varias cosas, una de esas es que para estar con él, siempre tenía que desembolsar dinero, si más tiempo quería pasar con él, más dinero necesitaba, pero como ya se había transformado en un pilar fundamental en mi vida, aceptaba el costo de su compañía. Desde el comienzo supe que como me hacía sentir bien, también me hacía daño, las juntas iban deteriorando mi cuerpo lentamente, lo sabía, pero lo pasaba por alto, porque decía “es mi amigo, el de siempre”, no puedo dejarlo, tantos momentos juntos no pueden hacerse humo.
Llevo un tiempo tratando de alejarme de él, el adolescente terco que era, no escucho y ahora mis pulmones no son los mismos, mi garganta suele tener problemas, mis dientes se empiezan a tornar un amarillo sucio y desagradable, y muchas veces me hizo gastar dinero que realmente no tenía. Hablo del “vamos a echar humo”, del SUCI (garro), del pucho o puchito, del cigarro, el sucio, maldito, pero delicioso cigarro.

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